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Borde litoral de la ría de Ortigueira

La ruta comienza en el paseo marítimo de Ortigueira, donde encontramos un amplio aparcamiento. Avanzamos por el paseo dejando a nuestra derecha los jardines del Malecón. En ellos es posible observar un ejemplar de olivo centenario, un ciprés de Monterrey, dos abetos de Douglas, tres araucarias, un cedro y dos magnolios, entre otras especies.

Restos del molino de viento

Restos del molino de viento

Pasados los jardines, a mano derecha y en una zona elevada del terreno, se sitúa el barrio de O Ponto que fuera el primer núcleo poblado de la Villa. Su nombre proviene de un puente levadizo que era necesario cruzar para acceder al castillo alrededor del que comenzó a crecer el pueblo. Esta zona acogió con anterioridad un castro. El ayuntamiento ha rehabilitado en los últimos años el molino de viento construido, a finales del siglo XIX, en el lugar que ocupó la torre del castillo.

La ruta prosigue por el paseo marítimo. Si las condiciones atmosféricas lo permiten es posible detenerse en esta zona para observar multitud de aves. La tarea es especialmente fácil con la marea baja, cuando se acercan a la Ría para alimentarse de las algas o peces y otros organismos que habitan en ella. Más cerca del paseo, en zonas de agua poco profunda, veremos aves de patas y pico cortos, como el Correlimos común, el Archibebe claro o el Chorlitejo grande.

En la zona media de la Ría se encuentran las aves de pico y patas más largas, como el Zarapito real, las agujas y diversos tipos de gaviotas y anátidas. Destacan las ostreros, por su largo pico rojo, y los cormoranes de color negro verdoso. Estos últimos son muy fáciles de distinguir, al sumergirse continuamente para pescar.

En los puntos que registran una mayor sedimentación existen llanuras arenosas emergidas. En ellas es posible observar garzas y garcetas.

Área recreativa

Área recreativa O Murito

El paseo continúa hacia las pistas polideportivas. Desde ellas, unas escaleras de madera llevan hasta el sendero por el borde litoral de la Ría, que discurre entre pastos y laureles. Éstos fueron plantados para proteger los campos y cultivos de la sal y del fuerte viento marino. Ocurre casi lo mismo en los lindes entre fincas, donde encontramos una gran diversidad de especies sembradas para frenar la fuerza del viento. Siguiendo este mismo camino se encuentra el área recreativa O Murito. Esta zona cuenta con bancos, una mesa y un pequeño embarcadero.

A partir de este punto aumentan los ejemplares de eucalipto, aunque sigue habiendo laureles, robles, espinos, acacias negras y algún castaño. El camino continúa recorriendo la orilla de la Ría. Al llegar a una pequeña curva se sitúan dos escaleras de madera que conducen a sendas calitas. En la orilla opuesta se sitúa el pueblo de Sismundi y en el alto, donde hay varios repetidores, el mirador de A Miranda. Desde él, si el día está despejado, pueden verse unas increíbles panorámicas de toda la Ría hasta Estaca de Bares.

Siguiendo el camino se encuentra un observatorio ornitológico desde el que se aprecia una zona con multitud de aves. Se trata de una llanura de lodo y arena apenas sumergida, que se prolonga hasta unirse con la barra arenosa de la playa de Cabalar y protege la Ría del fuerte oleaje durante los temporales.

Accedemos a la playa por la parte trasera de las líneas de dunas, caminando sobre una pasarela de madera. Tras pasar unas casas, a mano derecha existe una zona diferenciada con más vegetación: es la laguna de San Martiño, recién recuperada. Pasando por este tramo en silencio es posible escuchar a alguna de las múltiples aves que aquí se guarecen.

Continuando la pasarela que atraviesa las dunas tendremos ocasión de observar especies tan típicas como la azucena de mar, el rabo de liebre o el arenaria. Existen en este espacio hermosas flores como lo son las correolas o la hierba lechera. En estas formaciones arenosas también es posible observar ejemplares de paxariño amarelo, una especie propia y exclusiva del noroeste peninsular.

Pinar de Morouzos

Pinar de Morouzos

Las dunas continúan en un frondoso pinar que las estabiliza impidiendo que se muevan o destruyan. En él existe una enorme área recreativa que dispone de fuentes, barbacoas, mesas, duchas y baños públicos. En sus alrededores abundan la esparraguera y algunas especies de orquídeas, como la Ophrys apifera o O. Sphegodes.
Una vez en este punto habremos recorrido alrededor de 3,5 kilómetros. Desde aquí podremos optar por:

  • Dar un paseo por la playa de Morouzos, de unos 3 Km. de longitud. Ésta le debe el nombre al peculiar color oscuro de su arena, y queda enmarcada por las barreras arenosas de Cabalar y Ladrido. Morouzos está además protegida por la isla de San Vicente, a la que se puede acceder a pie con marea baja.
  • Volver al punto de partida por donde vinimos, recorriendo de nuevo el borde de la Ría.
  • Coger la carretera que sale del pinar y lleva de nuevo al centro de la Villa. Esta ruta asciende entre eucaliptos, laureles y pinos. En el momento en el que comienza a descender ofrece una hermosa vista de la isla de San Vicente, la playa de Morouzos y el pueblo y la ría de Ladrido, con sus amplias extensiones de juncales. Al llegar a la Villa hay que tomar la carretera a mano derecha -antes de cruzar la vía del tren- que lleva hasta un edificio de estilo indiano, antiguo escolar que acoge en la actualidad la biblioteca y el archivo municipales. Cogiendo la calle Francisco Santiago y pasando el Museo Ortegalia llegamos al Cantón, desde donde bajaremos nuevamente hasta la Alameda. Este trayecto es de 2 kilómetros, aproximadamente.

Ruta circular

Distancia

5,5 kilómetros

Tiempo

2 horas a ritmo regular, sin contar paradas para descanso u observación de aves.

Dificultad

Baja..

Interés

Paisajístico, ornitológico, flora dunar.

Recomendaciones

Es aconsejable llevar prismáticos. Con marea baja las aves se acercan a la Ría para alimentarse, por lo que resulta más fácil observarlas e identificarlas. En otoño y primavera se producen los pasos migratorios, concentrándose en la zona una gran diversidad de ejemplares. Es también en esta época cuando florecen la mayoría de las plantas de las dunas.

Precauciones

El ruido molesta y asusta a las aves, e impedirá observarlas con detenimiento. Las dunas son un ecosistema muy vulnerable. De su vegetación dependen multitud de organismos, por lo que resulta fundamental no abandonar las pasarelas de madera.

Alternativa

Puede recorrerse en coche o bicicleta por la carretera que bordea el Coto de Arnela. Ésta lleva hasta el pinar de Morouzos y de nuevo hacia el punto de partida atravesando la parroquia de Luama.



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