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La Edad Antigua

Entre los siglos II a.C: y I d.C. se produce un cambio significativo en las comunidades castreñas, provocado por el contacto con el mundo romano.

Comienzan a aparecer asentamientos de mayor tamaño, con un trazado urbanístico perfeccionado y unas espectaculares defensas. Estamos ya ante una sociedad evolucionada, con una nueva estructuración económica y un mayor desarrollo de la agricultura y el comercio.

Destaca especialmente el perfeccionamiento técnico de la cerámica castreña tanto en el aspecto formal como en el decorativo. Abundan en este período objetos como fíbulas, alfileres de bronce, ornamentos y armas como los puñales de antenas. Cabe destacar asimismo la orfebrería castreña –diademas, torques, arracadas...-, las decoraciones geométricas de las construcciones –dinteles y jambas- y la escultura –cabezas humanas y estatuas de guerreros con escudos-.

Entre finales del siglo I y hasta el II d.C. la cultura de los castros del noroeste peninsular desaparece paulatinamente, dando paso al mundo galaico-romano. Los poblados son abandonados y surgen las denominadas villae, asentamientos que presentan un nuevo sistema de explotación del territorio.

El proceso es lento pero irreversible. Los navegantes fenicios buscaron materias primas –especialmente estaño- en las rutas atlánticas e iniciaron viajes de explotación a partir del siglo VI a.C.

El desarrollo comercial, el nuevo tipo de yacimientos y el modelo económico le afectan a toda el área galaica. En la zona de Ortigueira quedaron huellas de esta época, como los silos de salazón de Espasante, las ánforas encontradas en la Ría o la figura de un ídolo orientalizante procedente del río Dola –Espasante-.



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