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La cultura castreña

La paulatina evolución desde el Bronce Final a los inicios de la Edad del Hierro se produce alrededor del siglo IX a.C. Unos mayores influjos del Mediterráneo –a causa de la intensificación de las relaciones comerciales- y las innovaciones de carácter agrario provocan la explotación más racional de las tierras. De este modo se llega a una mayor rentabilidad productiva y al mejor aprovechamiento de los recursos disponibles.

Estas circunstancias provocan el paso del modelo itinerante de explotación al sedentarismo. Comienza en este punto la construcción de los poblados estables que darán paso a la cultura de los castros en el noroeste peninsular.

La primera fase de la etapa castreña abarca un amplio período entre finales del primer milenio y el siglo V a.C. En el área galaica se desarrolla un proceso de sedentarismo y se construyen los primeros asentamientos castreños. Con ellos coexisten los poblados abiertos, aunque con una marcada evolución hacia el modelo de arquitectura habitacional con tendencia a la línea curva.

Los castros se levantan, con fines defensivos, en las faldas de las montañas, colinas y penínsulas, próximos a las tierras productivas. En Ortigueira se conocen dos yacimientos adscritos a esta fase de iniciación de la cultura castreña: el Castro de Concepenido y el Castro da Punta do Tallo.

El Castro de Concepenido es el yacimiento castreño más antiguo de Ortigueira. Se sitúa en la cumbre del monte Concepenido, en la sierra de A Capelada, pero próximo a las tierras de cultivo. Para reforzar las buenas defensas naturales con las que ya contaba, sus constructores le añadieron un sistema de doble muralla alrededor de su superficie habitacional.

El Castro de Punta do Tallo, datado en la Edad del Hierro, se encuentra en la parroquia de Santa Eulalia de Ladrido. La zona en la que se asienta, conocida con el topónimo de Os Castros, es un emplazamiento costero elevado 40 metros sobre el nivel del mar. El recinto posee grandes dimensiones y ocupa una península frente al puerto de Espasante. Sus defensas naturales se ven reforzadas por un foso profundo hacia el sureste y una muralla en ángulo con refuerzos en la puerta de entrada.

Durante la fase de iniciación de la cultura castreña los primeros pobladores de Ortigueira conocían las ventajas que ofrecía construír cerca del litoral. Levantaron sus castros en penínsulas protegidas que les permitían a la vez disponer de tierras productivas y desarrollar actividades económicas ligadas al mar, como la pesca, el marisqueo y la navegación local.

Entre finales del siglo VI a.C. y mediados del II a.C. se extiende este modelo de ocupación. Se formalizan tanto la tipología constructiva de los asentamientos como otros trazos concretos relacionados con la cerámica y su decoración –fundamentalmente el estampado-. Los pobladores inician una tendencia a situarse próximos a los valles. Potencian ya la actividad agrícola sin abandonar sus situaciones estratégicas.

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