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El movimiento agrarista

En la década de 1920 la principal alternativa de renovación política local llegó de la mano del sindicalismo de carácter agrario. La red política de la Restauración se sustituye por una nueva generación que apuesta por mantener un mayor contacto con el sentir real de la comunidad ortegana. El mejor modo de encaminarse en esta dirección pasaba por el acercamiento a la tierra.

El movimiento agrarista constituyó una revolución indudable en la sociedad gallega del momento. Todo lo que las organizaciones políticas criticaban del sistema, como el alejamiento de la sociedad o las élites caciquiles de poder, era ahora rechazado. Las asociaciones agrarias estrechaban lazos entre la comunidad civil y política institucional.

Por otra parte, la pertenencia a estas asociaciones se convirtió en una necesidad para todos aquellos que querían avanzar en su desarrollo económico.

Además, el asociacionismo agrario se convirtió en un movimiento que superaba el plano económico o de investigación. La actividad tomó cuerpo en un momento en el que las necesidades de la sociedad gallega eran cubiertas a través de un marco de asociaciones. Éste definía los trazos específicos de Galicia frente al resto del Estado.

Son numerosas las propuestas de formulación en lo que respecta a los fines de las diferentes asociaciones agrarias. Algunas tienen unos objetivos claramente reivindicativo, como las de Pontevedra. Otras, como en el caso de Ortigueira, darán sus primeros pasos con la intención de buscar innovaciones tecnológicas e información para el desarrollo técnico.

Estas últimas alcanzaron un alto grado de involucración en el plano político. Así, la comarca de Ortegal fue una de las que establecieron una relación más estrecha entre el agrarismo y el poder local. Es la alternativa a la "vieja política" de la Restauración.

Según el estudioso Rosende, el movimiento agrarista ortegano se divide cronológicamente en tres etapas:

1893 a 1918/19
Son sociedades marcadamente apolíticas, que funcionan únicamente como ayuda mutua entre campesinos en caso de necesidad. A este período responde la publicación del Boletín Municipal a cargo del alcalde, Federico Maciñeira.

1919 a 1926
A partir del proceso revolucionario en Rusia la jerarquía católica entiende que debe tomar medidas para alcanzar su integración en la sociedad. A esta actitud se debe la creación y extensión de sindicatos agrarios de carácter católico, que en estos años pasan por una etapa de fuerte expansión en Ortigueira, dirigidos por el abogado Eugenio Vázquez Gundín. En este período se crearían 15 asociaciones confesionales en la comarca.

1926 a 1936
Estos son los años del apogeo de la Federación Agraria de Ortigueira, liderada por Pita Romero con el apoyo de algunos de los sectores más influyentes de la comarca. Esta era la organización más importante de Ortegal e integraba 33 sindicatos y más de 1.800 socios.

Estas asociaciones se limitaron a defender unos intereses económicos de modo comunitario. La dictadura de Primo de Rivera deparó la situación perfecta para que todo aquel que postulase alternativas renovadoras fuese considerado como oposición al sistema.

En su momento de máximo esplendor la Federación Agraria controlaba los ayuntamientos de la comarca, incluido el de Ortigueira. Su líder estaba en Madrid durante cierto tiempo como ministro, contaba con un total de 45 sociedades adheridas y cerca de 3.500 asociados.

A esto hay que añadirle el control del medio de comunicación más importante de la comarca: La Voz de Ortigueira, dirigida por Jesús Fojo. Intentaban combinarse dos intenciones: por una parte la proyección política de Pita Romero como líder natural de la comarca. Por la otra, la consolidación de una organización capaz de defender los intereses de los campesinos.



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